Desde hace algunos años, el modelo de gestión del deporte en Bilbao desarrollado desde el Instituto Municipal de los Deportes, viene dando muestras de agotamiento en sus fórmulas y en sus objetivos y viene provocando un progresivo alejamiento de usuarios y clubes de los responsables municipales.
Por otra parte, y es justo reconocerlo, durante este mandato se han impulsado inversiones importantes que han mejorado la oferta de equipamientos deportivos en la ciudad. Sin embargo, y así lo ha mostrado reiteradamente el Grupo Socialista, la distribución de éstos no responde a un criterio lógico de equilibrio territorial lo que dificulta, aún más, la participación de las asociaciones deportivas.
Este alejamiento entre los responsables municipales y los gestores de clubes y asociaciones deportivas y la distribución desequilibrada de los equipamientos e instalaciones no favorecen que el deporte en Bilbao sea entendido como una tarea compartida entre quienes lo practican y aquellos que dedican su tiempo libre y aportan su trabajo en las directivas por un lado, y los gestores del Ayuntamiento por otro. No encuentran modelos de participación y sólo, en escasas ocasiones y con muchos problemas, experiencias de cogestión de instalaciones, eventos o competiciones.
Existen diferentes experiencias en otras ciudades que aplican modelos de participación en la gestión deportiva que redundan en una implicación mayor de todos los agentes, usuarios y deportistas y, en consecuencia, en una alta valoración de la política deportiva de la ciudad.