Otxarkoaga

Bilbao lleva unos años apostando por un profundo proceso de transformación urbano. La imagen de la Villa es sensiblemente diferente a la del Bilbao de hace unos años y esa apuesta ha contado con un amplio respaldo social y político y con la implicación de diferentes administraciones públicas, desde el Gobierno de España y el Gobierno Vasco, hasta empresas públicas y privadas, entidades culturales, la Universidad, etc. Y creo que podemos afirmar sin rubor que, en líneas generales la transformación ha sido un éxito.

Ahora bien, el reto es garantizar que la transformación urbana genere mayor bienestar entre los ciudadanos y ciudadanas de la Villa. Esta –y no otra- es la principal tarea del Alcalde y de la Corporación.

Es muy difícil determinar lo que se entiende por bienestar general. Probablemente dependerá de aquello que cada ciudadano considere más relevante. Mejores escuelas, transporte público, menos contaminación, mayor nivel de renta. Pero hay algo que invariablemente aparece en cualquier estudio sociológico serio: la convivencia.

Efectivamente, la gente quiere disfrutar de su entorno en paz y en tranquilidad. La gente quiere pasear, trabajar, hacer deporte o cualquier otra actividad humana sin riesgo. Por ello, desde hace varios años los socialistas venimos defendemos que todo proceso urbano de transformación venga acompañado de su correspondiente programa de regeneración social. De nada vale mejorar el entorno físico si las condiciones sociales se van deteriorando, si las desigualdades económicas crecen o si los problemas de convivencia se enquistan. Porque al final convivir es mucho más que disfrutar de un bello entorno.

Otxarkoaga es un ejemplo claro de esto que estoy planteando. El pasado fin de semana tuvimos conocimiento de un incidente acaecido en un comercio y que motivó la intervención de numerosos efectivos policiales. El Ayuntamiento de Bilbao ha intentado minimizar lo ocurrido como si se tratase de un hecho aislado. Sin embargo, nada más lejos de la realidad.

En Otxarkoaga hemos asistido a un formidable de regeneración urbana. Se han invertido importantes dotaciones económicas para mejorar el entorno. En definitiva, el objetivo ha sido paliar el despropósito con el que en su día, en pleno franquismo y en unos pocos meses, se levantó un barrio nuevo donde antes no lo había. Sin embargo, el Ayuntamiento no ha hecho los deberes en cuanto a la regeneración social. Muy al contrario ha adoptado decisiones muy discutibles en materia de realojo de vivienda, o ha permitido la descomposición del sistema educativo público o ha mirado para otro lado en cuanto a la promoción de las actividades comerciales.

No voy a ser exhaustivo aportando datos porque son públicos y de sobra conocidos, solo me referiré a lo que la propia Asociación de Vecinos (AVO) decía en uno de sus Boletines Informativos de la primavera pasada: “2003-2007 el mandato de las oportunidades perdidas”.

Hay que cambiar el rumbo en Otxarkoaga y también en otros lugares de Bilbao. Comprendo que es más gratificante cortar cintas de bellos edificios, de grandes equipamientos lujosos o incluso de eventos culturales de encopetada asistencia, pero creo que es más gratificante en lo personal y en lo político inaugurar la convivencia, el bienestar y la felicidad de los vecinos y de las vecinas. Y para ello solo hay una receta: “hacer política para las personas y no sólo política de cemento”.

Deja aquí tu comentario