Los Ayuntamientos y demás entidades locales vienen reflexionando desde hace varios años en una línea de trabajo que es común a nuestro ámbito europeo y que se engloba bajo la denominación de “gobernanza”. A mí me gusta resumirla con una expresión gráfica y sencilla como es: “Compartir las decisiones”. Se acabaron los tiempos en que se convocaba a los ciudadanos y ciudadanas a votar cada cuatro años convirtiéndolos luego en sujetos pasivos de la acción de gobierno y nace la participación constante de los vecinos y vecinas en la toma de las decisiones.
Es por ello que el debate sobre la participación ciudadana va ganando presencia pública en la agenda de la política local. Y el mejor y más contundente ejemplo de “compartir” las decisiones es elaborar los presupuestos de forma participativa. No se trata sólo de profundizar en la democracia en sentido genérico, sino que garantiza un mayor acierto en las decisiones. Garantiza la complicidad de los ciudadanos y ciudadanas a la hora de aprobar los ingresos y gastos de una Institución.
Aquí en Bilbao mantuvimos las diferentes fuerzas políticas durante la campaña electoral un profundo debate sobre estas cuestiones. Sin embargo, pese al compromiso indudable de todas, la presentación de las cuentas públicas ha sido una gran decepción. No solamente es que no se ha tenido en cuenta la opinión de los ciudadanos y ciudadanas, sino que el debate de presupuestos se ha solapado con el proceso de constitución de los Consejos de Distrito. Es decir, difícilmente los órganos de participación de este Ayuntamiento han podido poner en marcha procesos de debates participativos para la aprobación de los presupuestos, cuando los propios Consejos estaban en fase de constitución. Todo ello, dejando de lado la arbitraria decisión de imponer Presidentes y Vicepresidentes sin contar con la opinión de cada Distrito.
En cualquier caso, soy de la opinión -apuntada al principio de este artículo- que la “gobernanza” es el futuro de los entes locales. Y dentro de esta política ocupa un papel muy relevante la elaboración participativa de los presupuestos anuales. Y sinceramente, creo que aquellos que desprecian estos canales de participación lo hacen por uno de los dos motivos que voy a exponer a continuación ó, incluso por los dos.
El primero tiene que ver con la tendencia natural de muchos gobernantes a creerse en posesión absoluta de la verdad. Son los únicos que “saben de verdad lo que quiere el pueblo”. De hecho, suelen hablar de sí mismos en tercera persona y siempre afirman hablar en nombre del conjunto (léase Sociedad, Pueblo, Ciudadanía, etc.) . Esta clase de dirigentes tiene una tendencia natural a practicar eso que llamamos “populismo”, que en el fondo no es más que una simplificación de la política y una carencia de valores democráticos que acaban por ponerse de manifiesto en algún momento u otro de su gestión.
La segunda razón es esa creencia falsa de algunos líderes que piensan que, cuando se consulta a la gente, va a pedir cosas absurdas o irrealizables o carentes de una lógica política seria. De ahí esas frases de “si ya sabemos lo que la gente va a decir” ó “para qué vamos a preguntar si conocemos el resultado de la respuesta”. Nada más lejos de la realidad. Siempre que he tenido la oportunidad de poner en marcha procesos participativos en mi ámbito, he comprobado que los ciudadanos y ciudadanas formulan propuestas tremendamente razonables y con un sentido del conjunto de actuaciones a realizar y del orden de prioridades que haría sonrojar a muchos que se creen expertos en la materia.
En fin, creer en la participación es practicarla. Y los Presupuestos constituyen una oportunidad envidiable para acabar con el populismo y con los prejuicios. Espero que el año que viene Bilbao esté entre los municipios que apuestan por la “gobernanza” y por otra forma de hacer en política.