La palabra inauguración tiene varias acepciones, una de ellas se refiere a la adivinación del futuro por el vuelo de las aves y otra, más común en nuestros días, a la solemne puesta en marcha de un establecimiento público. El paso de los tiempos ha ido banalizando la cuestión hasta el extremo del recurso a las llamadas “inauguraciones por fases”.
Y la cuestión es muy simple. Un gobierno realiza una obra y cuando ésta se termina, se inaugura. Es decir, se comunica al público que ya está a su disposición el nuevo servicio. También era normal que hubiese dos grandes momentos. El inicial, en el que se conmemora que comienza una obra y el final, en el que se celebra la conclusión. Sin embargo, las necesidades mediáticas que, en algunos gobernantes, se convierten en la prioridad de su acción, ha llevado a descomponer la obra en fases inaugurando cada una de las mismas. Es una sucesiva celebración de “primeras piedras”
En definitiva lo que se pretende es poder justificar más “cortes de cinta”. Por ejemplo, en una obra en la que parte se realiza en subsuelo, el corte de cinta de que ya estamos trabajando en superficie ó, en una urbanización, que se ha concluido el primer piso. Hasta aquí todo es conocido y afecta por igual a personajes públicos de diferentes ideologías y nacionalidades
Pero lo que es verdaderamente sorprendente es el concepto de inauguración del Alcalde de Bilbao Iñaki Azkuna. Se inaugura el final de una obra antes de que termine. Aquí se unen los dos conceptos de inauguración, por un lado adivinar el futuro y por otro conmemorar un establecimiento público con solemnidad. De manera que cuando todo está acabado el Alcalde puede decir “ya lo había dicho yo”·.
Más bien parece que el Alcalde de Bilbao inaugura cuando le parece, independientemente del estado en el que se encuentre la obra. Esto es lo mismo que celebrar una fiesta en “San Queremos”. Al final va a ser verdad lo que decía un amigo mío. Solo hay tres motivos de celebración: el primero, la despedida de un amigo o amiga, el segundo la bienvenida y el tercero cualquier otro que se nos ocurra..
Algunos políticos han perdido el sentido profundo del acto público de inauguración que no es otro que comunicar a los ciudadanos y ciudadanas que el trabajo está hecho. En verdad lo que falta en algunos es respeto a la gente.
Tienes toda la razón, Txema, la “inauguritis” es una enfermedad que padecen demasiados, creo yo. Y respecto al ayuntamiento de Bilbao y al Gobierno Vasco, creo que antecede a una alternancia política que es cada vez más necesaria en nuestro país vasco.
Saludos.
Estoy de acuerdo contigo Iñigo. Cuando un político piensa más en su propia imnagen que en resolver los problemas de la gente, tarde o temprano, acaba por convertirse en un una rémora y eso lo perciben los ciudadanos y ciudadanas.
Por lo menos no se les ha ha caído el ascensor de Betolaza. Acordaos de la piscina de La Peña que se hundió dos veces antes de las elecciones.
Sí. Pero es curiooso que estemos valorando que se hagan las cosas bien. Lo lógico es eso, lo anormal es lo otro. Mal van las cosas cuando hay que felicitar a un Gobierno por hacer su trabajo
A mí no me pareció elegante que no invitaran a todos a la inauguración del gas. Lo de las inauguraciones es para que se puedan reunir y felicitarse todos los miembros del consistorio y no para que se jacte el alcalde o el equipo de gobierno de que ha hecho tal o cual cosa. Que quita los canapés. Pues me parece bien. Lo tenía que haber hecho antes; pero que se vean todos. Y eso de que la culpa es de la constructora, más que una disculpa parece una tomadura de pelo
Como muy bien sabes Txepri, Azkuna no asume culpas, siempre las lanza a un tercero. Y si tiene que cesar a alguien, siempre a un Técnico.