TRIBUNA publicada en DEIA el sábado 15 de boviemre
Uno de los ejercicios obligados que debe hacer un responsable político de Bilbao con inquietudes y con deseos de mejorar su ciudad, es reflexionar sobre el futuro de la villa. Ya adelanto que, en mi opinión, Bilbao tiene por delante retos apasionantes para los que, estoy convencido, los ciudadanos y ciudadanas que vivimos aquí estamos más que preparados. Ya lo hemos demostrado sobradamente.
Conviene echar la vista atrás, aunque sólo sea un segundo, para ver las cosas que juntos hemos conseguido partiendo de una situación tan difícil como la derivada de la crisis industrial de los años 70 y 80. Y esa energía probada y transformadora de los bilbaínos y bilbaínas hunde sus raíces en nuestro propio carácter. En ese orgullo por pertenecer y sentirnos parte de una urbe con vocación internacional, con talante liberal y tolerante y con un optimismo que nos impulsa a acometer sin dudas los nuevos desafíos. En ese orgullo de ser y sentirnos de Bilbao.
En las actuales circunstancias, ante estos nuevos desafíos, en mi opinión, Bilbao debe definir qué posición quiere ocupar en el concierto europeo de ciudades en competencia. Porque la potencia y presencia de las nuevas grandes áreas metropolitanas son la base fundamental del desarrollo de la propia unión europea. Yo tengo un sueño personal que consiste en hacer de nuestra villa la capital natural de un entorno regional que se extiende por el oeste hasta Galicia, por el sur hasta Valladolid, por el este hasta Zaragoza y por el norte hasta Burdeos. Hacer de Bilbao la capital de referencia de este espacio supraurbano, que acogería a cerca de siete millones de ciudadanos y ciudadanas, nos volvería a situar en uno de los vértices de ese triángulo antiguo y próspero que formábamos Barcelona, Madrid y Bilbao, y sumaría las potencialidades de nuestra euroregión europea. Un sueño de liderazgo metropolitano con un claro espíritu europeísta y transformador.
Un sueño sustentado firmemente en las posibilidades de la alta velocidad ferroviaria que, con la construcción de la “Y” vasca, va a darnos la oportunidad de conectarnos con rapidez y comodidad con todos esos núcleos urbanos que forman este entorno europeo y va a permitirnos compartir y aprovecharnos mutuamente de las energías y posibilidades de ese otro triángulo Vitoria-Bilbao-San Sebastián.
Para lograr ese sueño, necesitamos algo más. Necesitamos, en primer lugar, del consenso y del acuerdo político y social como norma y no como excepción. Precisamos del concurso de todo aquel o aquella que tenga una idea y de todo aquel o aquella que quiera aportarla a favor del desarrollo de nuestra villa.
En segundo lugar, para que Bilbao sea esa ciudad de referencia, necesitamos planificar una ciudad en la que haya espacio para usos combinados. Espacio para vivir, espacio para trabajar y espacio para disfrutar. Mi propuesta personal pasa por una política distinta de vivienda en la que la rehabilitación o el alquiler ganen cada vez más protagonismo para atraer a esos jóvenes que ahora se marchan a otros lugares. Mi propuesta política pasa por complementar nuestra pujanza como ciudad de servicios, con las actividades económicas ligadas a la industria del conocimiento, la investigación, el desarrollo y la innovación. Un entramado económico moderno e innovador que dé respuesta a las necesidades de empleo y formación de la mejor generación de jóvenes de nuestra historia. Y finalmente, mi idea de ciudad sobrepasa a aquel “Bilbao chiquito y bonito”. Pienso en una ciudad cosmopolita y moderna en la que la cultura esté al alcance de todos y el tiempo de ocio podamos dedicarlo, realmente, a disfrutar con equipamientos y actividades adecuadas.
Y en tercer lugar, necesitamos crecer con equilibrio. Necesitamos corregir las desigualdades territoriales que existen todavía entre distintas zonas de la ciudad y entre las personas que las habitan. Necesitamos avanzar más rápida y más decididamente para favorecer la cohesión social y territorial. Me estoy refiriendo a nuestros barrios. El objetivo, el norte y el corazón de la política municipal seria y de futuro que defiendo, ha de ser hacer que nadie se sienta al margen del crecimiento y del desarrollo. Porque todos estamos igualmente concernidos y tenemos los mismos derechos a participar del éxito, a contribuir al proyecto común y a decidir sobre él.
Hay una frase de un bilbaíno universal como Ricardo Díaz Hochleitner que resume a la perfección como me gustaría liderar este sueño del que participamos muchos vecinos y vecinas de la villa: “un gobernante necesita una doble legitimidad, la que le dan los votos en las urnas y la que le da el ejercicio del poder por su capacidad para compartir las decisiones con los ciudadanos y ciudadanas”.