Este es el artículo que publiqué en Deia el pasado día 25 de julio
El pasado día 11 de julio, el PSE cumplía 123 años. Es, por tanto, el partido con más historia de Euskadi, desde su fundación en Bilbao en aquel lejano mes de julio de 1886 en la calle Laguna. El partido que lleva más tiempo luchando de manera ininterrumpida por los derechos y libertades de los ciudadanos y ciudadanas de Euskadi. Y todavía hay quien duda de su compromiso con Euskadi o que le niega la sensibilidad vasca. Pero el motivo de este artículo no es hablar del pasado, sino del presente y, especialmente, del futuro.
El PSE-EE es hoy un partido decisivo en Bilbao. Todo gran proyecto, desde Zorrotzaurre a San Mamés, desde la educación de nuestros niños y niñas, hasta la sanidad, pasan también por el concurso de los socialistas. Y, por ello, se acabaron los años del rodillo y la imposición, para pasar a un nuevo tiempo donde el acuerdo y el consenso sean la regla y no la excepción. Desde las pasadas elecciones municipales hasta hoy, se han dado tres procesos electorales. El PSE-EE fue la primera fuerza en Bilbao en las elecciones generales de marzo de 2008, con diez puntos de distancia sobre el segundo partido. En las autonómicas de marzo de 2009 el PSE-EE recortó casi once puntos de distancia sobre el PNV desde las anteriores de 2005 y en las pasadas elecciones europeas, PSE-EE y PNV quedaron separados por unos 300 votos, habiendo ganado el PSE en cinco de los ocho Distritos de la ciudad. Pero en política no existe la suerte, sino que el apoyo y la confianza de los ciudadanos y ciudadanas se basa en el trabajo. En este caso, en la labor de control de la acción de gobierno y en la propuesta de una alternativa seria y razonable.
Ya he hablado en ocasiones anteriores que el PSE-EE defiende para Bilbao un futuro de liderazgo en su entorno español y europeo, preparando nuestra ciudad convenientemente para competir en esta Europa de ciudades en competencia. Igualmente, creo que un modelo de ciudad para este siglo debe fundamentarse en la calidad de vida, en la sostenibilidad y en posibilitar trabajo, cultura y ocio. Al fin y a la postre, los núcleos urbanos son lugares para vivir, trabajar y divertirse. No podemos basar el desarrollo de Bilbao exclusivamente en la construcción de vivienda, sino en usos combinados que dejen espacio para la actividad económica y la creación de empleo y riqueza. Y por ello, en cualquier proyecto que los socialistas vamos a encabezar en los próximos años (Bilbao Ría 2000, Zorrotzaurre, etc.) pondremos en marcha estas nuevas recetas.
Y todo ello es perfectamente compatible con apostar por un crecimiento equilibrado, de suerte que los barrios sigan un ritmo semejante al de las zonas de oportunidad, y por la cohesión social, particularmente en esta etapa de crisis. Y, finalmente, una de las señas de identidad de los socialistas: la participación ciudadana. La legitimidad de un gobernante se da en la urnas, pero también en el ejercicio del poder. Ser capaces de hacer partícipes a los ciudadanos y ciudadanas y contar con ellos para tomar decisiones, son dos formas de entender la moderna gobernanza de las ciudades europeas. Y creo que el ejemplo del metro y los rellenos del canal de Deusto, son dos ejemplos claros de que es compatible gobernar -y gobernar bien y con acierto- y escuchar y tener en cuenta la opinión de los vecinos y vecinas.
Este proyecto sólido, imaginativo, participativo y que cuenta con personas dispuestas y preparadas, es cada vez más una opción seria de futuro en Bilbao para obtener uno de los retos prioritarios del PSE-EE, que es la alcaldía de Bilbao.
Es verdad que en política no existe la suerte para nada, sino lo que los ciudadanos ven su confianza en el partido socialista,y por eso dan su voto de confianza.
Muy bien, Txema. Y ahora me cuentas cómo vas a posibilitar la creación de actividad económica (hablemos en plata, la creación de empresas, y añado, empresas viables) con una barrera de entrada inasumible para cualquier plan de negocio en ciernes como son los precios de los locales comerciales, en concordancia con los de vivienda. ¿Existen planes, existen ideas, existe voluntad para solucionar esto? ¿Hay ganas, cojones, y sobre todo, honestidad, para mentar a la bicha inmobiliaria, a sabiendas de que te enfrentas al increíblemente productivo colectivo rentista?
Ponte por un instante en la piel de cualquier joven emprendedor, que para poder llevar a cabo cualquier idea de negocio debe: a) Adelantar un pastón a diferentes administraciones, así, sin más ni más, sólo por decir “esta boca es mía”; b) Proveerse holgadamente para los primeros meses, cuando no años, de pérdidas netas; c) Hacer frente a un alquiler de local (que nadie se haga pajas mentales 2.0: el grueso de negocios necesitan una sede física) que de entrada es una pérdida neta, y si hay suerte y el negocio funciona, puede comerse tranquilamente el 75% de los beneficios obtenidos; d) Y por supuesto, vivir (que casi eso es insostenible por sí solo).
Cualquiera que haga un cálculo rápido se da cuenta de que no es sostenible montar un negocio (salvo que vayas apadrinado), porque hay demasiados parásitos dispuestos a chuparte toda la sangre. Así pues, ¿quién se atreve a montar competencia a las empresas “de toda la vida”, privilegiadas a más no poder, aunque cada vez más necrosadas? ¿Qué hacemos con los jóvenes, cómo vamos a generar un nuevo modelo empresarial si estamos amputados? Pues nada, más Zaras, más Sephoras, más Fnac, más Mangos, etc. que son los que hacen dumping a su manera, y puede que creen algo de empleo, pero de ínfima calidad. Y a esperar a que pete todo.
Que no, Txema, que no. Que no vale hablar de “vamos a crear empleo y riqueza”, que ya vale de eufemismos y palabras bonitas sin contenido real (¿Participación ciudadana? ¡Me río yo!). Creo que ya somos lo suficientemente mayorcitos y estamos lo suficientemente escaldados como para que se pueda hablar sin tapujos de cuál es el problema esencial de nuestro sistema socioeconómico: El Pisito y sus derivados. Combatir esta mentalidad absolutamente franquista (sublimada por los herederos de la democracia, PP y PSOE, y en Euskadi, por PNV también) es la condición sine qua non para poder reflotar un tejido económico desfasado, herido de muerte, que se desangra entre subvenciones y subvenciones que pagamos quienes nos desangramos aún más, los ciudadanos, y especialmente una juventud sin perspectivas de ningún tipo (esto último no es por la famosa crisis, por cierto, que viene de muy largo), sin más opción que sobrevivir a la espera de una herencia (qué triste, ¿no?).
Como aspirante a alcalde de una ciudad como Bilbao, creo que sería más interesante centrarse en cómo se financiaría el ayuntamiento, y hasta dónde pretende llegar la acción municipal. ¿Seguimos vendiendo proyectos mastodónticos, y luego ya veremos cómo sacar la pasta, o qué impuesto extra aplicar? ¿O desmitificamos el nivel de actividad (y de glamour) de los ayuntamientos en los últimos años, alimentados por el combustible financiero de la compraventa de viviendas, traído del futuro de sus habitantes más jóvenes, para centrarnos en lo más básico y esencial? Y lo más básico y esencial no son las subvenciones y los subsidios, que quede claro… eso no haría apenas falta si se hicieran bien otra serie de cosas.
Y por supuesto, didáctica, mucha didáctica, para llamar a las cosas por su nombre, para conseguir que la gente interiorice una serie de conceptos que han sido sistemáticamente silenciados en los días de vino y rosas a crédito. Pero para eso hace falta honestidad, generosidad y voluntad políica. Y ya veo que el reto prioritario no es ése…