Este es el artículo que publiqué en Deia el pasado sábado 17 de octubre
Este fin de semana los Socialistas de Bizkaia celebran su Congreso en un lugar emblemático de la ciudad, en el Palacio Euskalduna, uno de los iconos de la modernidad del nuevo Bilbao crecido bajo el amparo del acuerdo político e institucional que ha permitido una transformación y regeneración urbana de notable éxito.
Llega este Congreso en el inicio del cambio político en Euskadi. Más que un cambio una revolución política, que ha provocado la sustitución tras treinta años ininterrumpidos de gobiernos nacionalistas por un Gobierno vasco liderado por un lehendakari socialista. Y sin duda, los socialistas que van a reunirse este fin de semana en el Palacio Euskalduna tienen motivos para celebrar y para mostrar su alegría. Pero lo importante de los congresos no es recordar los éxitos conseguidos, sino reflexionar sobre el presente y el futuro y elaborar una propuesta política que conecte con las aspiraciones populares y sirva para dar respuesta a los grandes retos que como sociedad tenemos por delante. Y sobre esto me quiero detener brevemente.
El Territorio de Bizkaia, como el resto de Euskadi y del mundo está sufriendo el azote de la crisis. Por tanto, el Partido Socialista tiene la obligación de plantear fórmulas para la rehabilitación de nuestro tejido económico, la generación de riqueza y empleo. Y esto enlaza con lo que vengo diciendo desde hace mucho tiempo en relación con Bilbao. No podemos continuar con unas políticas basadas exclusivamente en la construcción de vivienda y la supresión de espacios destinados a las actividades productivas. Casos como el de Bolueta, donde se suprimió de un plumazo la calificación del suelo para usos productivos y la sustitución por una espacio exclusivamente residencial, o las primeras propuestas elaboradas por Zaha Hadid, que suponían una operación exclusivamente inmobiliaria, deben ser cambiadas por unas políticas que hagan compatible el uso residencial con las actividades productivas que generan riqueza y empleo.
El desarrollo futuro de Bilbao debe ser también fruto de una reflexión que planifique los espacios urbanos desde el punto de vista de la calidad y la sostenibilidad. Las ciudades modernas son lugares donde trabajar, vivir y disfrutar. Y eso enlaza, desde el ámbito de nuestra Villa de Bilbao, con la segunda transformación pendiente. Una transformación donde podamos introducir el “plus” del conocimiento. Apostar por la innovación, el desarrollo y la investigación como partes consustanciales a nuestro pasado como potencia financiera e industrial y a nuestro futuro como ciudad con aspiración seria a competir con el resto de las urbes europeas de nuestro entorno. Y todo ello por supuesto, con la necesaria compatibilidad con hacer una ciudad que crezca al mismo ritmo, incorporando a todos los barrios al mismo nivel de desarrollo y bienestar que han conseguido las llamadas “zonas de oportunidad”.
Y para todo esto, la participación ciudadana y la profundización de los canales democráticos en la moderna gobernanza de las ciudades se hacen imprescindibles en cualquier propuesta política que pretende liderar el presente y el futuro. Estoy convencido que aquello que ha constituido desde siempre una seña de identidad del socialismo vasco, como es incorporar a todas las personas, sea cual sea su condición social o económica a la toma de las decisiones, sigue siendo una asignatura pendiente en nuestros días. Por ello, la revitalización del movimiento vecinal, el impulso a los Consejos de Distrito y en definitiva, la democracia participativa son tareas pendientes en nuestra política municipal.