Si visitáis la Ermita de San Roque en las faldas del Pagasarri y prestáis atención al retablo, en concreto a la última cena, veréis con sorpresa que lo que comían aquellos comensales no era el cordero pascual, sino cochinillo.
Sería toda una sorpresa o, quizá el gusto xculinario del autor de la obra que desconocía bastante las costumbres judías y la cocina de la época.
En eso de los retablos se encuentran cosas curiosas. En el retablo de la iglesia de Cuzcurrita del Río Tirón, el cual se exhibió el año pasado en una exposición en la catedral de Santo Domingo de la calzada, aparecia un decimo cuarto personaje en la última cena, con rasgos de mujer. Curiosamente no estaba sentada a la mesa, sino que estaba por debajo de ella. Es sencillo sacar un chiste fácil sobre esa escena pero si profundizaramos sobre ella, puede que tenga un sentido más trascendente que el meramente sexual.
Sí. Estoy de acuerdo.