
Una forma distinta de gobernar y una fórmula distinta también para crecer. Y aquí me gustaría detenerme unos minutos.
Miren, hasta ahora, el éxito de Bilbao se ha basado en una fórmula que consistía en que unos suelos en zonas de oportunidad, se ponían por sus propietarios a disposición de la ciudad –incluso así se define en la introducción de la web de Bilbao Ría 2000, el agente transformador más importante de los últimos años-. En esos suelos, se combinaba la construcción de diferentes equipamientos y de edificios de viviendas. Y con estos últimos, y los recursos obtenidos por esa actividad constructora, o por las plusvalías que generaban, se reinvertía en la ciudad y se acometían reformas urbanísticas u obras que la ciudad necesitaba. Y ha sido una fórmula que ha funcionado.
Ha funcionado durante algunos años, pero el virus que empezamos a inocular en 1996, ha desarrollado toda su virulencia hace escasamente tres años. Y, francamente, los antibióticos no han resultado efectivos y la enfermedad del sector del ladrillo todavía nos sigue afectando. Y mucho.
Yo no creo “a pies juntillas” en esa fórmula como parece hacer el alcalde. O, mejor dicho, yo creo que no puede ser la única fórmula para seguir creciendo y transformado la ciudad. Yo creo que, actualmente, necesitamos una nueva apuesta adicional para seguir creciendo. Una apuesta que pase por las nuevas industrias del conocimiento.
Probablemente este modelo no redunde directamente en las arcas municipales. Habrá menos ingresos por plusvalías o licencias de obra y construcción. Pero, indirectamente, si los bilbaínos y bilbaínas son un poco más ricos, si la actividad crece, ¿no estaremos construyendo una villa mucho más próspera? Yo no tengo dudas. Creo que sí. Y además creo que ese crecimiento será más sólido.
Y para ello, creo que es el momento de introducir tres nuevos conceptos en la política municipal: la corresponsabilidad, la colaboración público-privada y el concepto de smartcity o ciudad inteligente.
¿DEUDA CERO?
Pero antes déjenme que salga al paso de alguna expresión que se ha utilizado desde el gobierno municipal y no comparto. Y que tiene algo que ver con la quiebra del sector inmobiliario y ese modelo de crecimiento que parece defender el gobierno municipal actual.
El gobierno del PNV y de EB en Bilbao ha anunciado con “bombo y platillo” que la ciudad no tiene deudas. Bueno. Estrictamente, no tiene deudas con entidades bancarias como entidad municipal. Pero mantiene algunos compromisos. Y es necesario aclararlo.
Si se fijan en las pantallas comprobarán que el Ayuntamiento de Bilbao es socio con el 15% de las participaciones de la sociedad Bilbao Ría 2000. Bueno, pues esta sociedad, como pueden ver, ha suscrito durante los dos últimos años dos pólizas de crédito por un valor total de 230 millones de euros. Y el Ayuntamiento de Bilbao ha avalado esta operación. Es decir que somos corresponsables en ese 15% de la deuda, es decir, en 34,5 millones de euros. Y además, tanto que se habla de la contribución de Bilbao a la reducción de la deuda del Estado, esas operaciones de crédito para afrontar inversiones que, fundamentalmente, se realizarán en Bilbao, han supuesto que el Estado suscriba la misma en lo que le corresponde por su participación en la sociedad. Es decir, en el 50%, 115 millones de euros.
Pero además, y esto sí que me llama poderosamente la atención, la ciudad de Bilbao mantiene una deuda con la Diputación Foral de Bizkaia de más de 66,5 millones que deberá abonar en los ejercicios 2011, 2012 y 2013. Una deuda que proviene de la devolución del exceso de ingresos de 2009 de los fondos de Udalkutxa.
Me llama la atención porque los gobiernos socialistas de España o de Euskadi han ayudado en los años más duros de esta crisis a Bilbao –uno, a través de los fondos del Plan E, con 100 millones y 120 proyectos de inversión, y el otro, mediante el Plan + Euskadi, que ha permitido la contratación de 1.200 desempleados-.
Y mientras tanto, la Diputación, no sólo no nos ayuda, sino que nos reclama la devolución de esas cantidades, o elimina de un plumazo casi 1.000.000 de euros para planes de promoción del empleo en Bilbao La Vieja, San Francisco y Zabala.
En conclusión, la “deuda cero”, que tanto se nos ha anunciado no es una afirmación cierta. Tenemos compromisos para garantizar o devolver un importe total de 101 millones de euros de aquí a 2017. Y lo que es peor, a lo único que ha contribuido esa política de “deuda cero” es a provocar una reducción drástica de la inversión. Especialmente en los barrios: 5.800.000 euros menos en los dos últimos años.
Porque a pesar de la propaganda, los gastos corrientes u ordinarios no han dejado de crecer. En los cuadros que aparecerán en las pantallas lo pueden apreciar.
Y reducir la inversión no es una buena idea en tiempos de crisis, porque reducimos las posibilidades de un sector importantísimo como la construcción.
Podría entender esa obsesión por la “deuda cero” en un escenario idílico de ausencia de necesidades en la ciudad. O en un escenario de grave insolvencia de la entidad municipal. Pero no se dan ninguno de los dos casos. Lo que se da es una decisión política para lograr ese titular impactante en los medios de comunicación cuando finaliza el mandato.
El estallido de la burbuja inmobiliaria y ese modelo de crecimiento nos han traído hasta aquí. Por eso, a mi juicio, necesitamos más imaginación. Y se hace necesario otro modelo de crecimiento que se sustente, como les anunciaba, en la corresponsabilidad, en la colaboración público-privada y en la ciudad inteligente.
EL CONCEPTO DE LA CORRESPONSABILIDAD.
Corresponsabilidad, porque si algo nos ha enseñado esta crisis es que hay causas globales que ocasionan males locales. Muchos de nosotros hemos visto como la especulación y los mercados entran de lleno en nuestras casas y cambian nuestras vidas. En muchos casos, la cambian de forma dramática. Y sólo los gobiernos y los agentes económicos, sociales y educativos somos capaces de identificar los elementos para potenciar la competitividad de nuestra ciudad y darle la vuelta a esa situación.
Por eso debemos ser corresponsables en esta tarea. Porque debemos adaptar todas nuestras estructuras para conseguir un nuevo modelo productivo basado en el conocimiento, en la innovación y en la sostenibilidad.
LA COLABORACIÓN PÚBLICO-PRIVADA
Esa corresponsabilidad que se basa en la sintonía y colaboración de la iniciativa pública y la privada, sin obviar que la responsabilidad pública es inexcusable, es la que provoca que las actuaciones de los gobiernos ganen valor, al apoyarse en una sociedad civil más fuerte y más comprometida. Y nuestra obligación es extender ese compromiso de corresponsabilidad a todos los niveles. Desde la definición, a la ejecución de las políticas que ponen en marcha los servicios públicos que necesitamos.
Les pondré un ejemplo. En los últimos días, hemos hablado bastante de los más de 2.500 establecimientos de hostelería que hay en la ciudad. Es un sector importantísimo. Que genera empleo y riqueza. Y todos conocemos calles o zonas de la villa en las que, prácticamente, toda la actividad se centra en este sector. Y desde sus responsables, en muchas ocasiones se exige al Ayuntamiento intervenciones, como peatonalizaciones o ampliaciones de aceras para la instalación de terrazas o hacer más atractivos los establecimientos.
Pero, a cambio, ¿qué valor añadido ofrece la hostelería a la ciudad? ¿No sería posible, a cambio, lograr el compromiso de estos locales, que van a ver mejoradas sus oportunidades de negocio gracias a una inversión pública, para abrir en períodos vacacionales o fines de semana y ofrecer un servicio más a quienes nos visitan? Ya son más de 700.000 los turistas que nos visitan al año. Y no podemos mantener las persianas echadas cuando están en nuestra ciudad.
Esta es la corresponsabilidad de la que hablo. Porque lo privado precisa de lo público. Y la inversión pública debe recuperarse por la aportación en trabajo y horas de la actividad privada.
CIUDAD INTELIGENTE O SMART CITY
Y como tercer concepto, me gustaría incidir en algo que ya les expresé en enero. Algo que algunos de ustedes recordarán.
En aquel momento les hablé de dos de nuestras más características tradiciones. Y les hablé de que me proponía respetarlas, rescatarlas del olvido y teñirlas de innovación. La primera de estas tradiciones es la relación de nuestra ciudad con el comercio, con las actividades mercantiles y financieras o con las industrias punteras. Y la segunda nuestro tradicional prestigio en el mundo universitario en los campos del derecho, la economía y la actividad comercial o la ingeniería industrial. Es decir, en la actividad económica y el conocimiento.
Les decía entonces que tocaba actualizar y modernizar esas dos tradiciones propias de Bilbao y que quería crear las oportunidades necesarias para que se instalen en nuestra villa y nuestro entorno el mayor número posible de industrias ligadas a la investigación, el desarrollo o la innovación. Y sumaba a éstas la internacionalización como elemento estratégico de futuro. Porque no renuncio a que Bilbao asuma su espacio internacional en el contexto de las ciudades punteras de Europa.
Y es en este contexto en el que tiene sentido el concepto de “ciudad inteligente”. Y no estoy hablando sólo del concepto de ciudad que prepara sus infraestructuras para el uso de las Tecnologías de la Información y la Comunicación o que instala sensores para controlar el aparcamiento, como ha hecho Santander, que también. Me refiero a esos espacios urbanos que reúnen en sus definiciones estratégicas toda la amplitud de este concepto: actuar con inteligencia y, más concretamente, incluir sistemas inteligentes en todos los ámbitos de la política municipal.
Bilbao, si de verdad pretende liderar el espacio físico de su entorno, no puede detenerse a mirar cómo otras ciudades interiorizan y rentabilizan estas nuevas ideas.
Una ciudad inteligente lo es cuando atiende a seis dimensiones básicas: la economía inteligente, la movilidad sostenible, el medio natural, el capital social y humano, la calidad de vida y la gestión participativa de la ciudad. Y las suma y provoca un crecimiento en red de toda la ciudad.
CAPITAL HUMANO
En esas seis dimensiones me propongo sustentar la acción de un gobierno municipal socialista. Y me propongo desarrollar todo un completo plan de inversiones para adaptar nuestras infraestructuras a este objetivo.
Sobre la gestión participativa de la ciudad ya les ha hablado.
Pero créanme cuando les digo que, en el futuro, el papel esencial, ha de jugarlo nuestro capital humano. Y para ello la educación y el aprendizaje son la clave. Porque la innovación impulsada por la clase empresarial requiere de una fuerza laboral cada vez más calificada.
Y también de capacidad para agrupar el talento en torno a la ciudad inteligente, de forma progresiva. Me propongo poner en marcha, en las zonas de oportunidad que aún nos quedan –Zorrotzaurre o Punta Zorroza, principalmente- planes específicos para el asentamiento de este tipo de empresas reservando espacio, dotando a ese espacio de todas las infraestructuras de transporte o TICs necesarias y apoyando económicamente los proyectos. Y me propongo explorar sistemas –becas y programas de formación o de prácticas- para retener a ese capital humano calificado. Para que el talento se quede aquí.
EL EMPLEO. MOTOR DE FUTURO
Hoy más que nunca, el Ayuntamiento forma parte de la solución al problema que más preocupa a los ciudadanos bilbaínos: el empleo. Tenemos que unir todas las fuerzas –la administración del País Vasco, el ayuntamiento, los agentes económicos y sociales, las instituciones financieras, las universidades, etc…
Muchos trabajadores desempleados no van a poder volver a su antigua actividad. Se hace imprescindible, por tanto, poner en marcha una formación a la carta: acordar con las empresas cuáles van a ser sus previsiones y formar a los trabajadores en esas especialidades.
Y me preocupan especialmente los jóvenes que han dejado sus estudios porque había un boom económico y vieron la oportunidad de acceder rápidamente a un salario y ahora se han quedado fuera de los ciclos de estudios. No es previsible que retomen los estudios, pero pueden desarrollar perfectamente su tarea en otros oficios o profesiones que también necesitamos.
Hay que adaptar también a esta nueva realidad para que responda a estos objetivos nuestra propia herramienta: Lan Ekintza. Desde hace algunos años, y esto se ha acusado especialmente en este mandato, esta sociedad municipal no está consiguiendo contrarrestar los efectos de la crisis sobre el empleo. Por eso me propongo reformar esta herramienta para que sea más útil.
LA MOVILIDAD INTELIGENTE.
En lo que respecta a las infraestructuras de movilidad me propongo establecer un debate abierto con la ciudadanía para modificar nuestras redes tradicionales de transporte urbano. En nuestra propuesta de movilidad contemplamos cinco líneas de trabajo.
En primer lugar, nuestro compromiso con los planes del Gobierno Vasco de extensión de la red metro a todos los barrios de la ciudad, con la futura puesta en marcha de las líneas 3 y 4. Porque creemos que el metro es el medio más eficaz, limpio y sostenible y el que mejor vertebra el territorio. Porque es un modo de transporte inteligente que, además, incorporará sistemas automáticos.
En segundo lugar, y según vaya entrando en servicio este medio, una profunda remodelación de nuestro servicio de Bilbobús. De las líneas y de los materiales.
En tercer lugar, los socialistas elaboraremos un Plan de Movilidad Vertical para Bilbao. Porque un ascensor contamina infinitamente menos que cualquier vehículo de motor. Pero, sobre todo, porque es un excelente medio de transporte. Hasta ahora, se han venido construyendo algunos elementos mecánicos en la ciudad. Pero se han hecho sin obedecer a criterios de movilidad. De hecho, ha sido el Área de Obras y Servicios y no el de Circulación y Transportes quien ha realizado las inversiones.
Nosotros creemos que una ciudad como la nuestra con una orografía compleja, con una población envejecida, con problemas de accesibilidad en los puntos más altos, necesita estos sistemas. Estos elementos mecánicos –ascensores, funiculares o rampas mecánicas- deben sumarse a nuestra red de transporte urbano.
Y deben contemplarse como unos elementos más de esa red. Y, además, deben ser de competencia municipal. Así lo creo. Para no confundir a los vecinos. No es de recibo que tengamos que mantener en el tiempo polémicas entre instituciones que sólo provocan que, por ejemplo, los vecinos de Arangoiti tengan dificultades para acceder a sus casas y para llegar a su trabajo o al centro de la ciudad. (Anunciar la construcción de uno nuevo????)
En cuarto lugar, exigiré a la Diputación Foral que, de una vez por todas, termine los accesos viarios a la villa. Porque es su competencia. Porque Bilbao asume y soporta las cargas que le confiere su capitalidad y porque necesitamos esos accesos para crecer. Voy a exigir con contundencia desde el primer día la conclusión de la variante Este y del desdoblamiento de Santo Domingo. Y colaboraré con decisión con esta institución y con todas las demás implicadas para derribar cuanto antes esas dos barbaridades que soportan los vecinos de Rekalde y de Basurto.
Y, finalmente, me propongo poner en marcha una política de aparcamientos radicalmente distinta. Una política en la que los recursos públicos se pongan, desde el principio, a disposición de los vecinos y vecinas para abaratar el coste de las parcelas. A diferencia de lo que ocurre ahora, que debemos destinar esos recursos a rescatar plazas porque así lo establecemos en los pliegos. Yo creo que, si desde el principio, apostamos por destinar estos recursos para promover una política pública de aparcamientos, paliaremos en cierta medida este problema que los vecinos y vecinas sitúan una y otra vez entre los primeros puestos de sus prioridades.