Querido Paul: Vaya por delante mi respeto por tu trabajo en pos de la paz. Ya el antecedente de Lokarri -Elkarri- puso en marcha un proceso a la paz, en el que participé muy a gusto y con enorme ilusión, tanto en el acto central del Palacio Euskalduna, como en los coloquios y charlas posteriores, en las que tuve el honor de pronunciar varias ponencias.
En esta ocasión, convocas, desde Lokarri, a ciudadanos y ciudadanas a la Casa de la Paz en Donostia. No sé si habrá posteriormente otro tipo de actos, pero desde luego, puedes contar conmigo en este noble propósito de alcanzar la paz.
Quiero trasladarte una serie de reflexiones que puedes incorporar a los muchos mensajes y comunicaciones que, sin duda, vas a recibir durante estos días.
En primer lugar, permíteme echar la vista atrás, al otro proceso del que te hablaba. Entre aquel y éste, varios muertos, atentados horribles en nuestras calles y plazas, más terroristas detenidos y en prisión. En suma, mucho dolor en nuestros corazones. Pero nosotros debemos continuar trabajando por este noble obetivo, una y otra vez, cual Sísifo subiendo su pesada carga.
En segundo lugar, discrepo de tu visión sobre vencedores y vencidos. Yo lo veo del siguiente modo. En este país no ha habido dos ejércitos enfrentados que suscriben un armisticio. Dejemos ese lenguaje militar que tanto daño ha hecho en algunas conciencias. Y vayamos a un estadio mucho más relevante y de una mayor profundidad.
En este pedazo tan hermoso del planeta en que habitamos, ha habido dos concepciones de la vida y de la política. La de aquellos que han pensado que la violencia era una parte de la política y que, por ello, era legítimo usarla, como forma de lucha, para vencer a quienes pensaban de otro modo. Y que quede claro, que no es esta concepción exclusiva de los terroristas. Hay muchos que creen que la violencia es parte consustancial del hacer político.
La otra concepción es la democracia. La de todos aquellos que renuncian a convencer a nadie a base de golpes. La de quienes deciden reservar el legítimo uso de la violencia a unos funcionarios públicos sometidos al control judicial. Por ello, cuando he escuchado que uno de los objetivos de la conferencia es que todos tengan la sensación de haber ganado, creo que se comete un error intelectual de enormes proporciones. Y vaya por delante, que puedo entender el sentido bienintencionado que preside tal pretensión. Pero, más allá de los buenos deseos, creo que habría que contar las cosas de otro modo.
La democracia es una “tierra” fértil. Quienes viven fuera, desconocen los efectos balsámicos de la conciencia tranquila, del alma de los pueblos centrada y de los deseos de abrazar a las nuevas personas que van entrando en sus límites. Porque al entrar nuevos miembros, no es que los demás se reubiquen y se repartan un espacio igual entre más, sino que las fronteras crecen y se multiplica el espacio.
Piénsalo, Paul. Imagina una democracia de una persona. Es algo realmente difícil de visualizar. Pero una democracia de muchos es grande. Pero es aún mayor, si son más. Y si son cada uno de ellos diferente del anterior, todavía más. Porque eso supone convivir. Aprender a ver las diferencias, enamorarse de esas distinciones entre los unos y los otros. Y, sobre todo, aprender a convivir. “A vivir con”.
Si el futuro nos es propicio y nuevos “adeptos” entran en el hermoso jardín de la democracia, Euskadi será mejor que antes. Y a más democracia, mejor convivencia. Créeme. No es bueno lanzar un mensaje portador de una idea imposible como que los demócratas ganan, a la vez que ganan los que combaten la democracia. Es un oximoron. Ahora hay una serie de personas en Euskadi que han llegado a la conclusión de que la violencia carece de sentido. Que sólo es deseable el ejercicio pacífico de la política. Pues bien, han ganado. Han ganado, cuando han llegado a esa conclusión. Hasta ese momento vivían ajenos a la democracia, insertos en un espacio de odio y de rencor, donde la vida humana era prescindible. Eran capaces de comer a sus propios hijos, cual Cronos despiadado y desconfiado. Y ha sido su propio vástago, salvado de la muerte, quien ha dado por concluida su vida anterior. La democracia, una vez que acepta a alguien en su seno, ya no le pide cuentas, ya no le recuerda su pasado, sólo le pide respeto. Respeto a la democracia. Y esa es su victoria. La de todos, la de los que estaban ya y la de los que van llegando.
De verdad Paul, no utilicemos más la terminología bélica. No hablemos más de bandos, de guerras, ni de paces. Hablemos de algo más tremendo, más importante, más noble. Hablemos de nosostros mismos, de los vascos y vascas, de quienes aquí vivimos y estamos decididos a seguir viviendo unos con otros.Vivir en paz, con respeto y sin rencor. Vivir en la democracia. En su seno, en el seno cálido y gozoso de quienes estamos dispuestos a entender y comprender a los denás y contribuir a hacer mejor la vida de todos y todas.
Vencedores y vencidos, son cosas del pasado. Lo que ahora necesitamos es querernos un poco más y querer probar a dejar las armas del desprecio, de la ira y de la intolerancia en el “baúl de los recuerdos”. Y pongámonos a construir una patria para todos, donde la memoria de quienes han sufrido sea nuestra propia memoria. Una patria sin más fronteras que el respeto. Una patria que se llame Democracia.
Un saludo, Paul y suerte
La democracia tb ha causado varios muertos, por que nadie duda del caracter democratico del gobierno de EEUU y mira lacantidad e muertos que ha causado , desde la guerra del vietnam pasando por la guerra de irak y hasta el 11M eso por citar algunas cosas , yo no quiero que forme parte de la politica la violencia , me gustaria decir que no forma parte de la politica , pero si que forma , por que mira quen o ahy ejemplos , esto no quiere decir que justifique esta violencia ni que diga que necesariamente debe formar parte , solo digo que tenemos muchos ejemplos , y repito OJALA NO FUERA ASI
y otra cosa , en una cosa tienes razon , la democracia noes asi , la politica nos asi , algunas personas la han echo asi