Dolores de Conciencia

Hace más de once años, un mes de mayo de 2000, recibí la orden de someterme a una vigilancia permanente, como consecuencia del horror terrorista que vivía mi País. Yo había pasado a ser objetivo de la Organización Terrorista ETA debido a mi militancia política y a ocupar un escaño en el Pleno del Ayuntamiento de Bilbao, como Concejal.

Tras reunirme con quienes se iban a convertir .en mis compañeros inevitables de viaje, tuve que enfrentarme a mi hija de cuatro años, a quien tenía que contarle mi nueva situación. Pensé en cómo explicárselo, sin que ello supusiera un problema para mi ser más querido. Y al final me incliné por restarle trascendencia. Dada mi condición, iba a disponer de un coche oficial y dos policías de acompañamiento. Le dije.

No estaba preparado para la respuesta de mi pequeña hija: :” eso para qué es? Para que no te maten?”

Situaciones semejantes han vivido muchas otras personas en esta tremenda Tierra nuestra. Y lo primero que se me planteaba era un problema de conciencia. Tenía yo derecho a hacer pasar a mi hija, a mi familia, a mis amigos, a mis seres queridos en definitiva, por este trance? Es más, tenía yo derecho a tomar la decisión libremente? No era mejor renunciar y evitar así un seguro peligro para sus vidas?

El problema de conciencia era más que evidente. Aún sueño con la mirada de mi hija aquella tarde. Aún resuenan en mí sus tiernas palabras. Y tengo que confesar que aún no tengo clara la respuesta que di y la decisión que adopté. Es algo que llevo en m i interior, en lo más hondo de mi corazón.

Fueron dos personas quienes despejaron, al menos en parte mis dudas o mejor, mis sufrimientos, mis “dolores de conciencia” –si es que este término es utilizable-. La primera fue la intervención de un político vasco a quien admiro –Txiki Benegas- quien en una conferencia en la Casa del Pueblo del PSE-EE en Rekalde usó la expresión desistimiento. Afirmó que el objetivo de la banda terrorista –de ETA en nuestro caso, pero por extensión, de cualquier movimiento intolerante- no era otro que provocar el desistimiento de quienes concebimos la sociedad como un espacio de convivencia.

En consecuencia, renunciar a mi cargo era desistir. Y eso tendría consecuencias fatales. También para mi propia hija a la larga. Y eso enlaza con la segunda persona. Un gran amigo, Juan Carlos –permitidme que mantenga su apellido en el anonimato de los héroes- a quien se le había planteado un dilema semejante poco antes y por mi causa, entre otras.

Se encontraba en una situación parecida. Y tras mucho meditarlo y consultarlo con su esposa, llegó a la conclusión de que su renuncia era peor que correr el riesgo. Lo resumía en una pregunta. Cómo será el país, el mundo, al que traigo a mi hija, donde los hombres de bien renuncian por miedo? Que clase de lugar es éste al que traigo a una persona? Voy a luchar por vivir donde quiero que vivan mis hijos.

Hoy estamos en paz –o casi- Y acabo de renunciar a mi cargo de Concejal. Miro atrás y quiero pensar que he hecho lo correcto. Puedo mirar a los ojos de mi hija y sostener su mirada. Mereció la pena el sacrificio y espero que nadie más tenga que sufrir así. Dentro de poco nacerá un nuevo miembro de mi familia. Su padre o su madre, no tendrán que decirle que van a vivir con escoltas por precaución frente a una Organización Terrorista. Espero que ese niño sea feliz, que estudie en los libros de historia lo que hemos vivido y que cuando piense en estas cosas, entienda que hicimos lo correcto. Y que lo hicimos también por él.

5 comentarios

  1. Anabel Dorado

    Hola Txema,

    no sé si es la situación que estamos viviendo o que yo estoy un poco para allá, pero leer tus palabras me ha hecho brotar las lágrimas y no lágrimas de tristeza como las que he derramado en otras ocasiones escuchando a mis compañeros o en su despedidas, ni de indignación como cuando un escolta me preguntó asustado si tenía posibilidades de ser cargo público pues con mi silla como iban a poder protegerme.

    No esta vez son de satisfacción. Aunque no soy una cara pública me siento parte de todo lo que estamos viviendo pues llevamos muchos años luchando, desde que no se podía lucha, desde cuando te agredian en el instituto por preguntar o te amedrentaban contra los muros traseros con golpes por expresarte.

    Si, por fín consigo ser madre, mi retoño núnca escuchará las palabras de miedo que mi abuelo me recordaba cada vez que salía a la calle “hija, calla!!! es mejor no hablar”. Que indignidad que un hombre valiente que tuvo que vivir en la sierra y escondido bajo la cama de una señorona franquista para escapar a los camiones del río tubiera que pedirme silencio por miedo a lo que me puediera pasar.

    Hoy solo puedo llorar de satisfacción por la misión cumplida, por que nosotros, Txema, hemos hecho nuestra parte, hemos recorrido nuestro camino y aunque mermados en efectivos hemos llegado y ahora solo nos queda demostrar nuestro talante democrático y seguir trabajando.

    Txema, espero que seas feliz en tu nueva labor, a mí me has hecho feliz como concejal del ayuntamiento de Bilbao, sin vivir en Bilbao vuestra puerta siempre ha estado abierta para ayudarme.

    GRACIAS TXEMA.

  2. javier

    La rivalidad política y que de vez en cuando le apriete las tuercas a través de éste blog no evitará que le felicite y le dé mi enhroabuena por que vaya a ser padre de nuevo. Es una gran noticia que ese niño no será testigo de ningún nuevo incidente violento en Euzkadi.

  3. Txema Oleaga

    Gracias a tí @Anabel. Siento lo mismo que describes. Es emcionante y coincido contigo en que ahora debemos demostrar nuestro talante democrático y….ser felices. Un beso @Javier No es mi hijo, sino hijo de un sobrino. Pero gracias de todos modos, de corazón

  4. Costará mucho, tal vez un par de generaciones pero espero que podamos crear todos juntos una Euskadi en convivencia.

  5. Txema Oleaga

    @Jagoba Yo creo que la convivencia será posible pronto. Pero la reconciliación sí tardará. En todo caso, estamos todos concernidos

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