El artículo de Txetxu Aurrekoetxea en Deia me ha resultado muy interesante. Viene a recoger la propuesta de realizar una Asamblea extraordinaria para proclamar la independencia de Euskal Herria. Propone hacerlo en Iruña y recoger la sustancia de lo que ha supuesto el proceso de Kosovo. Y me ha gustado enormemente el tono y la fórmula, aunque hay algunas cuestiones que no acabo de ver con claridad. Empezaré por esta parte y luego seguiré con lo que más me atrae de esta propuesta
El artículo parte de una premisa que no acaba de corresponderse con la solución. Me explico. Parte de la base de la existencia de una mayoría de patriotas vascos en el Parlamento Vasco, que podría visualizarse tras el próximo proceso electoral en la actual Comunidad Autónoma. Y llama patriotas vascos susceptibles de iniciar el proceso de independencia a los secesionistas, los independentistas, los autodeterministas, los nacionalistas y los autonomistas. De entrada, me parece un tanto excesivo, cuando sabemos que entre esas categorías, no todos estarían por la independencia.
Pero, aún admitiendo a efectos dialécticos esa posiblidad, la declaración no abarca sólo a los votantes de los tres Territorios afectados, sino que se extiende a Nafarroa e Iparralde. Por tanto, algo no cuadra. Supongo que el señor Aurrekoetxea debe saber que los ciudadanos y ciudadanas de esos Territorios tienen derecho a expresar sus tesis y elegir a sus representantes.
Pero dicho eso, lo que me atrae de la propuesta es su corrección democrática. Plantea el camino a la independencia sin violencia, por vías exclusivamente políticas, partiendo de la realidad jurídico-política actual y de una manera clara y contundente, eliminando vaguedades y ambigüedades. Muy en la línea de lo que fue la sentencia del Tribunal Supremo de Canadá en el caso Quebec.
En efecto, dicha sentencia plantea en primer lugar que el derecho de autodeterminación no es aplicable a Estados democráticos donde todos los ciudadanos son iguales ante la ley -como pasa en el caso de los Estados europeos, incluyendo el caso español- pero que eso no es óbice para que una parte identificable de un Estado proponga su secesión, con arreglo a una serie de fórmulas.
Lo primero es que la pregunta sea clara. Y en este sentido la propuesta Aurrekoetxea contempla que, previamente, en el proceso electoral, cada partido establezca dentro de su programa electoral un apartado recogiendo la propuesta de independencia.
Eso me parece un gran avance. Hasta la fecha, los únicos partidos que claramente se han posicionado por la independencia han sido la Izquierda abertzale radical en sus diferentes fórmulas, Aralar y EA. No así el PNV, que ha mantenido una postura ambivalente. A día de hoy, no puede afirmarse rotundamente que un votante del PNV sea un votante independentista.
Dentro de poco, en las próximas elecciones municipales vamos a tener la oportunidad de concurrir ante los ciudadanos y ciudadanas para pedirles su confianza en el ámbito local. No sé si será un ensayo de lo que plantea Aurrekoetxea, más bien me inclino a pensar que no. El PNV volverá a mantener una postura ambigüa en este punto -nadie imagina a Azkuna enfundándose en el independentismo de Euskal Herria, por ejemplo- y no creo que apuesten claramente por la propuesta en cuestión.
Pero más allá de esas dudas, que cada cual debe despejar, parece oportuno que el nacionalismo abra este debate de una vez. Y hay algo de lo que señala Aurrekoetxea que tiene buena pinta. La apuesta radical por un proceso en paz, con la defensa de los derechos humanos por bandera y un compromiso de convertirse en un estado futuro europeo, con buenas relaciones con sus vecinos del sur y del norte. Un estado laico, con el compromiso de aprobar una constitución homologable a la de cualquier otro estado europeo.
Con este tipo de independentismo civilizado es posible entenderse y llegar a acuerdos. Creo que la mayoría de ciudadanos y ciudadanas de Euskadi no apuestan por la independencia. Y creo que la diferencia se amplía aún más, si contemplamos Nafarroa e Iparralde, pero, eso es una opinión. Para saberlo habrá que esperar.
Pero que sano es poder debatir de estas cuestiones, sin la interferencia del terrorismo!. Ojalá, dentro de poco, seamos testigos de un país en paz y en libertad. Y, concluido este debate que tanto interesa a los independentistas, podamos centrarnos en lo que, a mi modo de ver, interesa más a la gente, el debate entre derecha e izquierda, es decir, entre los diferentes modelos de sociedad.